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Un PPA es un contrato de compra de energía directamente con un generador, a un precio pactado y por un plazo largo. No es una oferta de comercializadora: es quitarte de encima la volatilidad del mercado a cambio de comprometerte.
En un PPA físico la energía llega de verdad desde el generador hasta tu punto de suministro, con nominaciones diarias al operador del sistema y con tu comercializadora metida en el circuito. Es más complejo de montar y tiene una restricción específica en España: la entrega física a una comercializadora que pertenezca a un operador dominante no es posible, por el RD 413/2014.
En un PPA financiero o virtual no se mueve un electrón distinto: es un contrato por diferencias. Tú sigues comprando en el mercado como siempre, el generador sigue vendiendo como siempre, y al cierre de cada periodo se liquida la diferencia contra el precio pactado. Es mucho más simple de operar y encaja bien cuando el consumo está repartido entre varias sedes.
Hay una tercera vía intermedia, el PPA intermediado o sleeved, donde una comercializadora se coloca en medio y asume los riesgos de perfil a cambio de una prima. Es la puerta de entrada habitual para consumos que no llegan al tamaño de un PPA directo.
La energía solar se produce cuando hay sol, y tú consumes cuando consumes. Esa diferencia entre las dos curvas es el riesgo de perfil, y el precio de un PPA depende sobre todo de quién lo asume.
Pay-as-produced: se liquida lo que realmente se genera, hora a hora. El riesgo de que la producción no coincida con tu consumo es tuyo. Es la estructura más barata por unidad.
Baseload: entrega constante, liquidada contra la media del mercado. El riesgo lo asume el vendedor, y lo cobra: en el mercado español se maneja una prima del orden del 20 % sobre un pay-as-produced equivalente.
Cuanto más se parezca la entrega a tu curva real de consumo, más caro. No hay comida gratis: la pregunta no es qué estructura es mejor, sino cuánto vale para ti no tener que preocuparte.
Cuatro cosas que conviene tener claras, porque no son evidentes.
| Asunto | Qué conviene saber |
|---|---|
| Tamaño | No hay umbral legal, pero sí práctica de mercado: los PPA directos se negocian con consumos grandes, y por debajo se entra vía comercializadora intermediaria. Si alguien te da una cifra exacta de GWh mínimos, está describiendo su propia política comercial, no una regla. |
| Plazo | Entre cinco y quince años, con diez como horizonte más habitual, porque es el que encaja con la financiación del proyecto generador. |
| Riesgo de precio | Un PPA te protege de que el mercado suba, y también te impide beneficiarte si baja. Eso es lo que estás comprando. Si lo que quieres es aprovechar las bajadas, un PPA no es tu producto. |
| Contabilidad | El tratamiento contable de un PPA financiero no es trivial y conviene consultarlo con tu asesor antes de firmar, no después. El físico suele ser más sencillo en este punto. |
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Curva horaria de varios años y previsión. Sin eso no se puede estructurar nada, solo pedir presupuestos.
Cuánto riesgo de perfil puedes asumir tú y cuánto prefieres pagar por no asumirlo.
Varias ofertas puestas en las mismas unidades, que es lo que casi nunca están cuando llegan por separado.
Precio, plazo, garantías, penalizaciones por desvío y condiciones de salida. Todo eso pesa tanto como el número de cabecera.
No. Una tarifa fija te la da tu comercializadora y suele cubrir uno o dos años. Un PPA es un contrato con el generador —o referenciado a él— y cubre años o décadas, con garantías, penalizaciones y una estructura de liquidación propia. Son ligas distintas, en compromiso y en complejidad.
Depende de cómo se estructure. En un PPA físico con garantías de origen asociadas, sí, y de forma trazable hasta una planta concreta. En un PPA financiero, la trazabilidad hay que pactarla expresamente: el contrato por diferencias por sí solo no mueve garantías de origen. Si lo que buscas es el argumento para tu huella de carbono, esto hay que dejarlo escrito.
Ese es el riesgo principal y hay que cubrirlo en el contrato. Un PPA mal dimensionado obliga a comprar energía que ya no necesitas. Se negocia con bandas de flexibilidad, cláusulas de revisión o estructuras que se ajusten a tu consumo real, y todo eso tiene precio.
Con tu curva de consumo y tu tolerancia al riesgo te decimos qué estructura te conviene y qué preguntas hacer.